Lo que empezó como una conversación casual y un coqueteo virtual para Sara*, de 13 años, transformó su vida y la de su familia en un infierno. Fingiendo ser un muchacho de 16 años, un acosador sexual se ganó la confianza de la menor. Le hizo creer que le gustaba mucho, y la convenció para que le suministrara su cuenta de Messenger, y le enviara por Internet una foto en actitud sugestiva, mostrando alguna parte de su cuerpo. Incluso, aprovechando que sus padres trabajaban todo el día, la adolescente posaba semidesnuda ante la cámara web, persuadida por su ‘novio virtual’.
Al cabo de tres meses de ‘relación online’, los padres descubrieron horrorizados lo que estaba ocurriendo. Intentaron confrontar al ‘ciber-acosador’ quien, gracias al anonimato que ofrece este medio de contacto, se escabulló en la red. Como si fuera poco, la familia decidió cambiar de domicilio en vista de que la joven había entregado mucha información personal al desconocido, que resultó ser un estadounidense.
Este caso, conocido como grooming (ciber acoso infantil) no ocurrió en Norteamérica o Europa, pasó en Bucaramanga, Colombia. Y es sólo la punta de iceberg de una nueva modalidad de delitos sexuales ejercidos contra menores de edad, que no se limitan en el tiempo y el espacio.
El peligro, muchas veces, está a un simple click del mouse: en la red pululan serios riesgos para niños y jóvenes, como pornografía, acoso sexual, chantaje, engaño, coacción, presencia de pederastas y hasta explotación sexual infantil.
Al cabo de tres meses de ‘relación online’, los padres descubrieron horrorizados lo que estaba ocurriendo. Intentaron confrontar al ‘ciber-acosador’ quien, gracias al anonimato que ofrece este medio de contacto, se escabulló en la red. Como si fuera poco, la familia decidió cambiar de domicilio en vista de que la joven había entregado mucha información personal al desconocido, que resultó ser un estadounidense.
Este caso, conocido como grooming (ciber acoso infantil) no ocurrió en Norteamérica o Europa, pasó en Bucaramanga, Colombia. Y es sólo la punta de iceberg de una nueva modalidad de delitos sexuales ejercidos contra menores de edad, que no se limitan en el tiempo y el espacio.
El peligro, muchas veces, está a un simple click del mouse: en la red pululan serios riesgos para niños y jóvenes, como pornografía, acoso sexual, chantaje, engaño, coacción, presencia de pederastas y hasta explotación sexual infantil.