El uso de Internet y de otras tecnologías similares es parte de la vida de los adolescentes. Un informe del 2007 del Pew Internet and American Life Project acerca de los adolescentes y los medios sociales, indicó que aproximadamente un 93% de los adolescentes de 12 a 17 años usan Internet. Esto es 6% más desde el 2004.
Los adultos usan Internet para buscar información mientras que los adolescentes lo usan como una herramienta para comunicarse y socializar. Pero además de esto, la amplia gama de oportunidades que ofrece Internet es un gran beneficio tanto para los adultos como para los adolescentes.
Es importante que los padres controlen la manera que sus hijos(as) usan el Internet. En general, los adolescentes se mantienen conectados más tiempo que los adultos, tienden a tener acceso a Internet desde diferentes lugares, participan en una variedad de servicios en línea, y se adaptan con mayor facilidad a los cambios tecnológicos. Estas características ofrecen buenas oportunidades pero también traen problemas.
Anteriormente, los niños estadounidenses pasaban más tiempo viendo la televisión que en cualquier otra actividad que no fuera el dormir (Huston, Watkins y Kunkel, 1989). En promedio, los que tienen de dos a cinco años la veían cuatro horas todos los días (Lande, 1993).
Una de las preocupaciones del uso desmedido y sin control de la televisión y el Internet, tiene que ver con la violencia que caracteriza gran parte de los programas televisivos (Carter, 1996), y el acceso a páginas no adecuadas respectivamente.
Los niños que ven dos horas diarias de televisión (muy por debajo del promedio nacional en los Estados Unidos) observarán 8.000 asesinatos y otros 100.000 actos violentos cuando empiecen a asistir a la primaria (American Psychological Association, 1992). ¿Presenciar esta violencia los hace más agresivos? Y, de ser así, ¿la violencia en la televisión y el Internet explica por lo menos una parte del aumento rápido de crímenes violentos entre los adolescentes (Lande, 1993)?
Los niños piensan que las respuestas pueden ser afirmativas. En una encuesta, la mayoría de los jóvenes de 10 a 16 años opinaron que la violencia en la televisión y en la red eran factores que propiciaban los actos agresivos entre sus compañeros (Puig, 1995). Al parecer, esto lo corroboran algunos datos sobre los delitos violentos por imitación. Por ejemplo, en un estudio se relacionaron 13 películas y 13 programas de televisión con 58 actos de violencia del mismo tipo que los proyectados en la pantalla (Wilson y Hunter, 1983). No obstante, las respuestas científicas concernientes a los efectos de la violencia en la televisión todavía son inciertas porque los nexos causales no son claros. Aunque se cuenta con evidencia convincente de que los niños que frecuentemente ven violencia televisada son más agresivos que los demás (Eron, 1982; Singer y Singer, 1983), quizá tan sólo signifique que los niños más propensos a la agresión también se sientan atraídos por este tipo de programas.
Quizá la evidencia más convincente de que ver la violencia en televisión estimula la conducta agresiva provenga de un estudio en que se compararon los índices de violencia en tres pueblos similares, uno de las cuales no tuvo televisión ni Internet antes de 1973 (Will, 1993). Dos años después de que se instaló en esa remota comunidad, el índice de la agresión física registró un extraordinario incremento de 45% en niños de ambos sexos, mientras que permaneció inalterado en los otros dos pueblos que ya contaban con televisión.
El argumento teórico de más peso que establece un nexo entre la conducta violenta y la televisión y la red se basa en la teoría del aprendizaje social. Esta teoría nos permite suponer que los niños que en la televisión y en Internet ven a personajes ficticios aclamados o recompensados por su conducta agresiva no sólo la aprenderán, sino que estarán más propensos a realizarla cuando tengan la oportunidad.
No es necesario recompensar directamente a los niños por una conducta para que se sientan estimulados a imitarla. Tan sólo necesitan ver que el modelo que admiran recibe la recompensa.
Otra preocupación por los efectos que la televisión y el uso del Internet tiene en el niño es la medida en que repercute en su desarrollo cognoscitivo, en su Coeficiente Intelectual y en su rendimiento académico. Con los años las puntuaciones obtenidas por niños y adolescentes estadounidenses en varias pruebas estandarizadas han venido disminuyendo. Muchos educadores lo atribuyen al hecho de que ya no leen libros, sino que prefieren ver la televisión (DeWitt, 1991), o buscar en Internet y hacer “copy paste”. Pero un estudio sobre las horas que los preescolares dedican a ver televisión no encontró correlación alguna entre su puntuación de Coeficiente Intelectual y el tiempo que veían televisión (Plomin y otros, 1990). Además, a pesar de que en las últimas décadas ha aumentado el tiempo dedicado a la televisión, no han disminuido las puntuaciones del CI. Más bien se han elevado en todo el mundo (Flynn, 1987).
En cuanto al Internet, la tecnología en la comunicación e información da varias oportunidades a los adolescentes. Desde el punto de vista del adolescente, el Internet es un lugar para pasar el tiempo mirando las páginas web para conectarse con redes como Facebook. La manera en la que los adolescentes usan el Internet cambia constantemente. Según el informe 2007 Pew, hay menos adolescentes que usan mensajes instantáneos, “chatean” y hacen compras en la red. Hay más adolescentes que tienen su propia página, blog y descargan contenidos como fotos y videos.
Si tienen que buscar información, la primera fuente es Internet. El acceso a una variedad de recursos convierte al internet en una fuente de información para hacer proyectos escolares y para intereses personales como la cultura popular, deportes y música. Los estudios demuestran que el mirar tantos datos por medio de Internet puede aumentar la capacidad de los adolescentes de interpretar y controlar la información.
Se sabe que los niños pueden aprender cosas valiosas viendo la televisión. En un estudio, niños de 12 a 18 meses de edad aprendieron palabras escuchadas en un programa televisivo, donde la televisión era para ellos una especie de “libro con fotografías habladas” (Lemish y Rice, 1986). En otro estudio, los niños a quienes se pidió que vieran el programa Mr. Rogers mostraban un aumento en su conducta pro social (Tower y otros, 1997). Además, se ha demostrado que el contenido de algunos programas infantiles favorece la salud y la alimentación (Calvert y Cocking, 1992).
En resumen, la televisión y el Internet influyen de modo importante en el desarrollo del niño. Les presenta modelos “positivos” y “negativos” para que los imiten y les ofrece abundante información. A juicio de algunos expertos, todavía no se comienza a explotar todo el potencial didáctico de estos dos medios masivos. He aquí el aspecto negativo: los niños que ven mucha televisión y usan en exceso la red, dedican menos tiempo a realizar otras actividades productivas y útiles, además aprenden conductas indeseables, entre ellas los actos de violencia.
Los adultos usan Internet para buscar información mientras que los adolescentes lo usan como una herramienta para comunicarse y socializar. Pero además de esto, la amplia gama de oportunidades que ofrece Internet es un gran beneficio tanto para los adultos como para los adolescentes.
Es importante que los padres controlen la manera que sus hijos(as) usan el Internet. En general, los adolescentes se mantienen conectados más tiempo que los adultos, tienden a tener acceso a Internet desde diferentes lugares, participan en una variedad de servicios en línea, y se adaptan con mayor facilidad a los cambios tecnológicos. Estas características ofrecen buenas oportunidades pero también traen problemas.
Anteriormente, los niños estadounidenses pasaban más tiempo viendo la televisión que en cualquier otra actividad que no fuera el dormir (Huston, Watkins y Kunkel, 1989). En promedio, los que tienen de dos a cinco años la veían cuatro horas todos los días (Lande, 1993).
Una de las preocupaciones del uso desmedido y sin control de la televisión y el Internet, tiene que ver con la violencia que caracteriza gran parte de los programas televisivos (Carter, 1996), y el acceso a páginas no adecuadas respectivamente.
Los niños que ven dos horas diarias de televisión (muy por debajo del promedio nacional en los Estados Unidos) observarán 8.000 asesinatos y otros 100.000 actos violentos cuando empiecen a asistir a la primaria (American Psychological Association, 1992). ¿Presenciar esta violencia los hace más agresivos? Y, de ser así, ¿la violencia en la televisión y el Internet explica por lo menos una parte del aumento rápido de crímenes violentos entre los adolescentes (Lande, 1993)?
Los niños piensan que las respuestas pueden ser afirmativas. En una encuesta, la mayoría de los jóvenes de 10 a 16 años opinaron que la violencia en la televisión y en la red eran factores que propiciaban los actos agresivos entre sus compañeros (Puig, 1995). Al parecer, esto lo corroboran algunos datos sobre los delitos violentos por imitación. Por ejemplo, en un estudio se relacionaron 13 películas y 13 programas de televisión con 58 actos de violencia del mismo tipo que los proyectados en la pantalla (Wilson y Hunter, 1983). No obstante, las respuestas científicas concernientes a los efectos de la violencia en la televisión todavía son inciertas porque los nexos causales no son claros. Aunque se cuenta con evidencia convincente de que los niños que frecuentemente ven violencia televisada son más agresivos que los demás (Eron, 1982; Singer y Singer, 1983), quizá tan sólo signifique que los niños más propensos a la agresión también se sientan atraídos por este tipo de programas.
Quizá la evidencia más convincente de que ver la violencia en televisión estimula la conducta agresiva provenga de un estudio en que se compararon los índices de violencia en tres pueblos similares, uno de las cuales no tuvo televisión ni Internet antes de 1973 (Will, 1993). Dos años después de que se instaló en esa remota comunidad, el índice de la agresión física registró un extraordinario incremento de 45% en niños de ambos sexos, mientras que permaneció inalterado en los otros dos pueblos que ya contaban con televisión.
El argumento teórico de más peso que establece un nexo entre la conducta violenta y la televisión y la red se basa en la teoría del aprendizaje social. Esta teoría nos permite suponer que los niños que en la televisión y en Internet ven a personajes ficticios aclamados o recompensados por su conducta agresiva no sólo la aprenderán, sino que estarán más propensos a realizarla cuando tengan la oportunidad.
No es necesario recompensar directamente a los niños por una conducta para que se sientan estimulados a imitarla. Tan sólo necesitan ver que el modelo que admiran recibe la recompensa.
Otra preocupación por los efectos que la televisión y el uso del Internet tiene en el niño es la medida en que repercute en su desarrollo cognoscitivo, en su Coeficiente Intelectual y en su rendimiento académico. Con los años las puntuaciones obtenidas por niños y adolescentes estadounidenses en varias pruebas estandarizadas han venido disminuyendo. Muchos educadores lo atribuyen al hecho de que ya no leen libros, sino que prefieren ver la televisión (DeWitt, 1991), o buscar en Internet y hacer “copy paste”. Pero un estudio sobre las horas que los preescolares dedican a ver televisión no encontró correlación alguna entre su puntuación de Coeficiente Intelectual y el tiempo que veían televisión (Plomin y otros, 1990). Además, a pesar de que en las últimas décadas ha aumentado el tiempo dedicado a la televisión, no han disminuido las puntuaciones del CI. Más bien se han elevado en todo el mundo (Flynn, 1987).
En cuanto al Internet, la tecnología en la comunicación e información da varias oportunidades a los adolescentes. Desde el punto de vista del adolescente, el Internet es un lugar para pasar el tiempo mirando las páginas web para conectarse con redes como Facebook. La manera en la que los adolescentes usan el Internet cambia constantemente. Según el informe 2007 Pew, hay menos adolescentes que usan mensajes instantáneos, “chatean” y hacen compras en la red. Hay más adolescentes que tienen su propia página, blog y descargan contenidos como fotos y videos.
Si tienen que buscar información, la primera fuente es Internet. El acceso a una variedad de recursos convierte al internet en una fuente de información para hacer proyectos escolares y para intereses personales como la cultura popular, deportes y música. Los estudios demuestran que el mirar tantos datos por medio de Internet puede aumentar la capacidad de los adolescentes de interpretar y controlar la información.
Se sabe que los niños pueden aprender cosas valiosas viendo la televisión. En un estudio, niños de 12 a 18 meses de edad aprendieron palabras escuchadas en un programa televisivo, donde la televisión era para ellos una especie de “libro con fotografías habladas” (Lemish y Rice, 1986). En otro estudio, los niños a quienes se pidió que vieran el programa Mr. Rogers mostraban un aumento en su conducta pro social (Tower y otros, 1997). Además, se ha demostrado que el contenido de algunos programas infantiles favorece la salud y la alimentación (Calvert y Cocking, 1992).
En resumen, la televisión y el Internet influyen de modo importante en el desarrollo del niño. Les presenta modelos “positivos” y “negativos” para que los imiten y les ofrece abundante información. A juicio de algunos expertos, todavía no se comienza a explotar todo el potencial didáctico de estos dos medios masivos. He aquí el aspecto negativo: los niños que ven mucha televisión y usan en exceso la red, dedican menos tiempo a realizar otras actividades productivas y útiles, además aprenden conductas indeseables, entre ellas los actos de violencia.
Fuente: http://www.extension.umn.edu/distribution/familydevelopment/00223.pdf

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